Un viejito y una viejita hornean una galleta de jengibre que de repente cobró vida. Ellos quieren al hombrecito como si fuera un niño de verdad. Pero al hombrecito de pan de jengibre no le gusta seguir las reglas de la familia, no quiere comer sus vegetales, y decide irse de la casa gritando, “¡Corre, corre como liebre, nunca me alcanzarás, soy el hombre de jengibre, una galleta y mucho más!”. Cuando iba por el río un zorro hambriento casi se lo come, el hombrecito de pan de jengibre por fin decidió regresar a su casa. |